Es menester que sea rock…

Franny sacudió rápidamente la ceniza del cigarrillo y puso el cenicero un centímetro más cerca de sí.

-Lo siento, soy odiosa- Dijo-. Me he sentido tan destructiva esta semana. Es horrible, soy odiosa.

-Tu carta no sonaba tan maldita ni destructiva.

Franny asintió solemnemente. Estaba contemplando una cálida mancha de sol, del tamaño de una ficha de póker, que brillaba sobre el mantel.

-Tuve que esforzarme al escribirla. Contestó.

Lane iba a repicar algo, pero el camarero llegó de repente para llevarse las copas vacías.

-¿Quieres otro?- Preguntó Lane a Franny.

No obtuvo respuesta. Franny miraba la mancha de sol con una intensidad especial, como si estuviera considerando la idea de echarse sobre ella.

-Franny- Dijo Lane en tono pacientes, pues el camarero estaba escuchando- ¿Quieres otro martini o no?

Ella levantó la vista.

-Lo siento. Vio las copas vacías en la mano del camarero-. No. Sí. No lo sé.

Lane se echó a reir, mirando al camarero.

-¿Sí o no?- Dijo.

-Sí por favor. –Parecía más atenta.

(…)

Saldré de este estado dentro de un momento- aseguró-. Te lo prometo de corazón.- Sonrió a Lane, genuinamente en cierto sentido, y en aquel instante una sonrisa como respuesta podría haber mitigado, al menos hasta cierto punto, los acontecimientos posteriores, pero Lane estaba ocupado fingiendo su clase de indiferencia particular, y optó por no devolver la sonrisa. Franny dio chupada al cigarrillo-. Si no fuera tan tarde y todo lo demás- dijo-, y sino hubiera decidido, con una idiota, aspirar a una distinción, creo que dajaría el curso inglés. No lo sé.- Sacudió la ceniza del cigarrillo- Estoy tan harta de pedantes y presumidos demoledores, que podría hecharme a gritar.- Miró a Lane-. Lo siento, esto pasará, te doy mi palabra… Sñolo que si tuviera algún valor, este año no hubiese vuelto a la universidad. No lo sé. Quiero decir que todo es la más increíbles de las farsas.

-Muy brillantes. Ha sido realmente brillante.

Franny aceptó el sarcasmo como merecido.

-Lo siento- Dijo.

-Para de decir que lo sientes, ¿quieres? Supongo que no se te habrá ocurrido pensar que estás generalizando hasta la exageración. Si todas las personas del Departamento de inglés fueran tan grandes demoledores, sería algo totalmente distinto…

Franny le interrumpió, pero de modo casi inaudible. Estaba mirando por encima del hombro de franela de Lane hacia algún punto vago del extremo del comedor.

-¿Qué?- preguntó Lane.

-He dicho que no lo sé. Tienes razón. Estoy distraída, eso es todo. No me hagas caso.

Pero Lane no podía abandonar una controversia hasta que se hubiera resuelto a su favor.

-Diablos, quiero decir- insistió- que hay personas incompetentes en todas las profesiones. Es una cuestión básica. Olvidemos por un momento a esos malditos jefes de sección.- Miró a Franny-. ¿Me escuchas o no?

-Sí.

-En vuestro maldito Departamento de inglés tenéis a dos de los mejores hombres del país. Manlius. Espósito. Dios mío, me gustaría tenerlos aquí. Al menos son poetas, por el amor de Dios.

-No lo son- replicó Franny-. Esto es en parte lo terrible del caso. Quiero decir que no son verdaderos poetas. Solo son gente que escribe poemas que se publican e incluyen en antología por todas partes, pero no son poetas. – Se detuvo, con timidez, y apagó el cigarrillo. Parecía que había palidecido durante los últimos minutos. De repente, incluso su lápiz labias dio la impresión de ser un tono o dos más claro, como si se lo hubiera frotado con una hoja de Kleenex-. No hablemmos de ellos- añadió, casi indiferente, aplastando la colilla en el cenicero-. Estoy extraña, estroperaré todo el fin de semana. Quizá haya un escotillón bajo mi silla y me limite a desaparecer.

(…)

No estás estropeando nada- dijo en voz baja-. Sólo me interesa averiguar a qué diablos te refieres. Quiero decir, ¿es precioso ser un maldito tipo bohemio o estar muesto, por el amor de Dios, para ser un verdadero poeta? ¿Qué quieres, un bastardo de pelo rizado?

-No. ¿Por qué no olvidamos la cuestión? Te lo ruego. Me encuentro horriblemente mal y empiezo a tener un terrible… (…) Ignoro qué es un verdadero poeta. Me gustaría que lo dejaras, Lane. Siento algo muy raro y peculiar y no puedo… Lo único que sé es esto- prosiguió Franny-. Si eres un poeta, haces algo hermoso. Me refiero a que se supone que dejas algo hermoso cuando terminas un página o lo que sea. Los que tú mencionas no dejan ni una sola y única cosa hermosa. Todo lo que hacen, tal vez, los que son un poco mejores, es meterse en tu cabeza y dejar algo en ella, pero sólo porque lo hacen, sólo porque saben cómo dejar algo, no es la razón para uqe sea un poema, ¡no, por Dios! Puede que sea solamente una especie de excremento sintáctico terriblemente fascinante, y perdona la expresión. Coo lo que hacen Manlius y Espósito y todos esos pobres hombres.

Lane se tomó tiempo para encenderse un cigarrillo antes de hablar. Después replicó:

-Creía que te gustaba Manlius. De hecho, si la memoria no me falla, hace cosa de un mes dijiste que era un encanto y que…

– Claro que me gusta. Pero estoy harta de que la gente sólo me guste. Me entusiasmaría conocer a alguien a quien pudiera respetar… ¿Me disculpas un minutos?- Franny se levantó de repente, con el bolso en la mano. Estaba muy pálida.

Lane se puso en pie, empujando su silla hacia atrás, con la boca entreabierta.

-¿Qué te ocurre?- preguntó-. ¿Estás bien? ¿Te pasa algo?

-Volveré dentro de un segundo.

Franny abandonó el comedor sin pedir instrucciones, como si supiera adónde ir, por almuerzos anteriores en Sickcler’s.

Lane, ahora solo en la mesa, se quedó fumando y sorbiendo su martini en pequeñas dosis para que le durara hasta el regreso de Franny. Estaba muy claro que le había abandonado totalmente el sentimiento de bienestar que experimentara hacía media hora por encontrarse en el lugar apropiado, con la muchacha apropiada o de aspecto apropiado. Echó una mirada al abrigo de mapache de pelo cortado, doblado un poco al sesgo sobre el respaldo de la silla vacía de Franny- el mismo abrigo que le había excitado en la estación, gracias a su singular familiaridad con él-, y ahora lo examinó con un absoluto descontento. Por alguna razón, las arrugas del forro de seda parecían disgustarle. Dejó de mirarlo y empezó a contemplar el pie de su copa de martini, con aspecto preocupado y sintiéndose víctima de una vaga e injusta conspiración. Una cosa era seguara. El fin de semana se iniciaba con un principio malditamente peculiar. No obstante, en aquel momento levantó la vista de la mesa y vio a alguien que conocía al otro extremo de la sala: A un condiscípulo, con una muchacha. Lane se enderezó un poco en la silla y cambió su expresión de recelo y descontento total por la de un hombre cuya pareja se ha ido simplemente al lavabo, dejándole, como suelen hacer las parejas, sin nada mejor que hacer que fumar y parecer aburrido, con preferencia atractivamente aburrido.

El Pantera

El pantera entiende de violencia, la conoce desde todos los lugares posibles en lo que la muy puta se engendra.  Ella le sacó todo… al mismo tiempo que se lo dio. La conoce, la quiere y la odia, sus manos gigantes rasguñan muchas historias. Los golpea para que los golpe no duelan, hace de ellos unas caricias familiares. Me entristece. Me dice que sus viejos eran violentos, que él siendo el tercer hermano fue el único que se animó a marcar los límites. Temo olvidarme los detalles. Sus antepasados eran de “ese lugar dónde empezó la mafia” orgullosamente y su hijo se murió, con sólo diez y nueve años y sesenta mil pesos en un bolso mal logrado. La policía lo seguía y no pudo escapar de ella. Él dice “todo le decían que era el panterita” y qué a los catorce había gatillado y matado a alguien. Era simplemente algo que pasó y que lo que importa es el amor. No quedan lugares para cambiarlo, eso pasó y se pone mal. Se acuerda de qué a los catorce años suyos murió el general, ese por el que sigue luchando frente a esas “botas” que no deja de mencionar.  Pero él ahora es seguridad, saca a quienes robaban cómo él, con un dolor en el pecho, los ve familiares, le dice a la yuta que no los golpée, se me ríe y dice que “todos son sus primos” y que si yo agito una, ahora que me conoce, también soy su familia.

El Pantera es querible porque es sincero. Porqué ya el dolor lo traspasó. Él está orgulloso de algo y es de su hija que estudia. Es psicología y se emociona que eso pase con alguien de La Tablada. Me pregunta si sé hasta que año estudió, me informa que es hasta cuarto grado y que sabe la ubicación de un río que no me acuerdo. Porque él siempre anduvo en todos lados, gracias a su velocidad y tamaño siempre se hizo respetar en las zonas más picantes: en la vía pública o dentro de una penitenciaría; en la que dice qué estuvo y en la que su primer accionar fue golpear a quienes se abusaban de los pibitos. Los encaró prepoteramente y fueron al molde. Él creé en la violencia bien usada, fuera de intereses de los poderosos. Creé que hay que plantarse frente a ellos que son fácil de identificar. O lo eran. Antes en la cancha, cuándo él era uno de los capos de la barra, el rival era el otro equipo y no ahora qué los que quiénes manejan la frula son la policía, esos que no son amigos de nadie y es una mierda. Lo es, ya no se justifican las palizas ni los viajes colgados en el tren. Me enoja mucho esto y no se merece una imagen. Quizás la vea o ruja.

Tenía dos palabras largas y divertidas qué creo que las inventé yo. ERa mucho mñas acriptica e enigmatica y al mismo tiempo hablaba de lo que pasó. Claro que eso sería una foto. Pero no eran gladiadores luchando, a color sepia que se movían todo el tiempo, golpeando sin ganas de saltar a una cama suave cómo un montón de algdón. No, era un titulo que se olvidó, de todo esto, de estas teclas miradas, pero no observadas, de esta pantalla olvidada. Hablaba de cuándo llegué tarde pero en realidad era temprano. O era alrevez. Tenía que cambiar o comprar dólares, llegué para cuándo habían cerrado, el señor (un gordo con traje) me hechó, y seguramente pensó en la inseguridad, o en lo boludo que soy. Me hechó y llegué temprano, faltaba más de una hora para qué nos veamos. Ví. El relojo fue lo que ví. De mi celular, la llamé, faltaba. Miré la cúpula de la bolsa de comercio, hacía mucho calor, pleno centro,  con dólares. Sí, eran dólares.

Voy a fumar mucho esperando (pensé) mejor me compro una gaseosa y algo para comer (necesitaba intercalar los cigarrillos) voy a estar quieto mientras todos camina, mejor me voy a tomar algo por allí. Entonces hice lo que hacen todos los rosarinos cúando están al pedo: recorro la peatonal de punta a punta.

Había muy poca gente y muchos mosquitos. En la recta que me llevaba a buscar un poco del aire del río me frenaron dos chicas y me pidieron el celular para mandar un mensaje. Curiosamente: tenía crédito. Me explicaron algo de Mc Donalds, promociones, un flaco que las esperaba, me agradecieron por haberles prestado el celular, dijeron qué era raro, qué había miedo y qué las tomaban por chorras. Me sorprendí, no parecía para tanto, aunque sí, son muy forros los chetos rosarinos. Tenían razón.

A los doce metros pasa junto a mi derecha ese clavo oxidado con cianuro en el talón que todos llevamos perforado. Grito su nombre, haciéndo uso del poder de mis pulmones limpios, no estaba fumando, terminaba de tomar un trago de coca-cola, tenía la garganta aclarada por haber hecho uso del habla con las dos morochitas y grité su nombre, resonó con eco, era la esquina de Córdoba y Buenos Aires. Esa esquina también me trae otros recuerdos, qué no estaban presentes antes de escribir esto. ¡LOS COSMOS! Se dio vuelta, me vió y dijo “¡Ay, Lisandro!”. Y volteó rápido la cabeza, hacía meses que no la veía, la vi más flaca y me dio bronca. Me odié por interpretar y asociar el “ay”  a un dolor.  Ella siguió, llevándose puesta la ciudad, era mucho para frenar. Crucé la calle y me senté en la plaza a esperar. En circulos las madres y abuelas daban vueltas. Comí una galleta club social, qué estaba muuuuy derretida, era de cebolla, me pareció un espanto, odio la cebolla. Allí estaban las madres del amor y yo con tanto odio, daban vueltas, no llegaban a la veintena, pensé en sumarme, pero me pareció que estaba mal hacerlo por un ratito. Así que me quedé mirando, cómo se incorporaba gente, un chico de unos treinta años, traía un cochecito y una barba candado en su cara, era desprolija (obviamente qué no era cómo la del gordo de la casa de cambio).  Y bueno, se saludaban muy cariñosamente, enfrente había unos punk’s tomando birra y fumando faso. Me sonó el telefono, la chica estaba “libre”.

Pautamos una dirección, fuí. En el camino me fume otro cigarrilo. Volví a cuestionarme que estaba bien, que me iba a encontrar con una no-fumadora, así que no iba a fumar por un tiempo. Aunque terminé fumando varios cigarrillos y fui picado por muchos mosquitos. Nada pasó. No conseguí ningún tipo de cambio. Llegué tarde.

555*Me llegó un mensaje más tarde, de un desconocido qué decía:  “no estoi en mcdonalds”.

¿Sabes qué pasa?

Creo en el destino.

Qué puede sonreirme

Guiñarme un ojo

y todas esas lindas  cosas

Que dicen esas canciones

qué tanto te alegran

y te hacen divertida.

J

Eso

😉

Pero me gusta hacer trampa,

Y en cada esquina

En cada curva

lo quiero torcer.

Sabes para que lado

Esa es la macana.

Esto es otra cosa:

Que me asuste cuando se me adormece

Mi brazo izquierdo,

El brazo, sí mal pensada

Creo que lo estoy haciendo cada vez más seguido

Creo que lo imagino para no pensar en otras cosas.

Ella abotona, prolijamente, los botones de la nueva camisa de seda. Demostrando así su destreza para verse radiante diariamente.

Él afila, con movimientos toscos, la punta de una botella  de toro viejo. Ocultando así su necesidad de verse radiante diariamente.

Marginales, pero exitosos, los chinos controlan esas maquinas gigantezcas que escupen diminutos botones, y esperaban que lleguen a esas dulces manos, de la nena contenta que estira su camisa. Y sale sonriente a la calle.

Con salarios mínimos, y respondiendo a las condiciones de una industria poco feliz (es una verdad compartida que la tristeza que provoca trabajar en una fabrica embotelladora donde no se sopla la botella, “hacer botellas era lo de antes” siguen resongando los antiguos de la profesión). Todos los día cuando ven esas cintas cargar centenares de botellas procesadas por el gigante de metal, claro que esperan que se les cargue de vino hasta el tope y pasen a un siguiente galpón donde le pondrán un corcho. En el transcurso, miran las botellas, y la visión compartida es que ese vino será para festejos, claro que siempre hay un señor Rodriguez que piensa que ese vino no será para celebrar un encuentro, como piensan casi todos, sino que pondrá furioso a un padre laburador, que llega cansado a su casa, aumentan los servicios, cada vez hay menos variados menúes a la hora de la comida, me tenes como tu sirvienta, me cansaste, plánchate solito tu ropa, puta de mierda, toro viejo, y la quema.

Él está jodido. Mamá hace mucho que no está. “Hace mucho tiempo”, se acuerda todas las noches, aunque no quiera, su estomago se lo hace recordar de cuando estaba lleno. Que se caguen. Me lo sacaron todo. Ellos fueron, ellos pasan y me ningunean, se hacen los ocupados hablando por teléfono por miedo a que les pida un cigarrillo (llevan uno con la otra mano) ¿Alguna vez te tomaste una botella de toro viejo, con el estomago vació de dos días, a las 9 de la mañana? “¿Porqué no lo gastas en comida?”, se atrevió a decirme una vieja, con esos aires de solemnidad que tienen las viejas como las nenitas, que hablan sin asco porque no se les puede pegar, pero bueno la vieja me agitó que porque no lo gastaba en comida, claro señora, el vino sale 5 pesos, lo mismo que un plato de comida, correcto señora, pero el plato de comida no marea, no me hace olvidar, hay muchas cosas que olvidar señora, usted tiene suerte porque tiene Alzheimer. Y se tomá. Se vaciá la botella. El estomago esta lleno nuevamente. De venenos, pero significativos al fin.

Bienvenida furia. Me entrego a ti, madre de toda mi existencia, destruyamos juntos, empecemos por la botella. Crashhh. El primer paso cuesta. Antes me aguantaba más botellas, cuando uno cumple cuarenta años el hígado se pone muy traidor ¿A dónde puta voy? Me cuesta muchísimo caminar ¿Por qué no quedarme tirado un rato en la esquina? Ah… cierto, la policía. Yo no voto ¿Sabían? ¿Qué onda la gente que pone esas piedritas que cortan en los frentes de la casa? Primero rayó mis nudillos, luego la punta del filo de la botella partida. Ahora era alguien. Y quería gritar, festejar mi nuevo yo, esos botones me llamaron, pensaba que era más temprano, pero por suerte ya estaba oscureciendo, había dormido hasta tarde, nuevamente, pero eso me aventajó cuando la cruce a ella, que venía apurada por el parque, seguramente con miedo.


Ya no lo quiero escribir. Iba a hablar sobre los pisos que tienen que pulir. Pero volví de dar una vuelta. Son las 2, salí a comprar puchos y fumar un porro de la resaca que quedó incrustada en la cartuchera azul (con un poco de los bordes del bolsillo del bolso, del que se cayó mucho faso porque esta roto el cierre). Bueno, pero escuché una canción de una banda que desconocía. La banda se llama “Captan Beefheart & the magic band” y la canción “Drink paint run run”, esta buenisíma, ahora suena Veteran’s Day Poppy, una guitarra pegadiza hace taranra- ra – ran ran, y atrás suenan desprolijamente un bajo y una bateria golpeada como los pisos que no quieren ser pulidos. El tema terminó, me distraje escuchando la bateria y odiándome por tener que poner una metafora de cómo tenía que ser golpeada la batería ¿Porq tuve que caer en eso con la música? ¿Porq insistimos en hablar de ella o del futbol? (ni hablar de todas las energias gastadas en otros temas) Porq? PORQ NO PUEDO ESTAR EN EL AÑO1971 APUNTO DE SALIR A TOCAR CONLA CAPTAINBEEFHEART? El winamp me disparó otra banda, una q tocan trompetas con ritmo (Roy Pacy) lo veo demasiado insulso, demasiado ensayado, no tiene la magía de la otra banda, volveré sobre ella…

Otra guitarra rasjada: Dali’s Car, ahora me doy cuenta de lo de Dali, me empieza a caer más simpatico el tema, es hipnotizante el punteo del principio, te lleva contra el banderín y te baja, te deja, es Dali, volvió la trompeta de Roy Pacy, la misma canción que antes, toquela Z(hace que las canciones vayan para atrás en el winamp, así vuelvo a Captain). Escucho una canción de alguien que me imaginó que es gordo y está triste, se llama Well, y parece que bueno, no siempre pasa lo mismo, a diferencia del Well Well Well de Lennon, que parecía más bien decir “todo se repito merezco que me metan un tiro en la puerta de un hotel urgentemente” este tema está mucho más bueno. Empiezo a sentir que Captain Beefheart es la mejor banda del universo y que la historia ha sido injusta con ella. Estoy seguro de eso. Volvio Roy Pacy, toquela Z, fue al mismo tema que antes, vamos a cambiarlo:

Dechau Blues; tiene un ritmo que parece salido de la creamfield, pero escrito hace 40 años, me parece que no se escuchaban mucho entre los integrantes de la banda, me parece que ya no me va a gustar tanto Captain Beefheart, cualquiera haciéndo bochinche después de unas cuantas tripas es así de loco. No, toca bien la trompeta. Me gustaría tener un sombrero azul ahora. Roy Pacy: Forever and Ever ¡Pero que gracioso que se llame Porever and Ever el tema de Roy Pacy! Creo que tengo que dejar de escribir acá, para conservar el aura de eso que paso de verdad, pero es incomprobable al menos que bueno, adjunte una imagen del reproductor tocando ese tema:

Me voy a fumar un pucho. Tendría que haberlo terminado antes al texto (3 semanas o 5). Pero eso me obligaría a pensar en los pisos cuando miro al techo y sus estrellas de plásticos brillantes pegadas arriba y la panza de mi prima embarazada y la de mi mama también. Abro la puerta y una pluma blanca se mueve en el rincón, todo es movimiento. A Noruega Van Tassel le gustó Capain Beefhearth. Nunca me sentí tan estupido como recién, fumando un pucho en el balcón, frió, dos y media de la mañana, todos duermen, todo de un color salmón, silencioso, yo cagándome de frió y fumando con más sueño que nunca. Mañana me tendría que despertar temprano y no preocuparme por los pisos que tienen que pulir y la persona que tienen que sacar del departamento (al que no pertenece)  para inventar metáforas. Malditas metáforas!!!!!!!!!! Ese tiempo desperdiciado por culpa de un cigarrillo que podría haber sido utilizado para la realización de fines más humanitarios, podría haber estado realizando una colecta para que la policia compre radares de los estranguladores de viejos. Y diga: ¡Aca estoy!

Pateó la tierra, no me gusta el dibujo que queda dibujado en ella, la vuelvo a patear. Ignoro que eso me importe. Cierro los ojos, controlo mi respiración, eso me da tranquilidad, pero al cerrar los ojos, ocurre la fatalidad; pienso. No quiero ponerme a pensar ahora. Abro los ojos. Comienzo a mover la rodilla. ¿Falta mucho? Vuelvo a patear la tierra, ahora enojado por preguntarme si faltaba mucho de nuevo, eso no iba a apurar nada, ni a cambiar nada mucho menos, yo y mi gusto sobre el dibujo, tan occidental y taaaan cristiano.

Sentado en una reposera bajo un cielo precioso en medio de la tranquilidad del campo, esperaba. Pero no estaba tranquilo, el sol no golpeaba lo suficiente como para hacerlo responsable de la incomodidad y el tiempo parecía no pasar. Se acordó sobre la relatividad, y pensó en Einstein, y su rol irónico con la relatividad. Irónico porque su figura siempre va a ser asociada a algo tan relativo como la relatividad. Un plato lo de Einstein. Pensó en recordar eso para contárselo a sus dos o tres amigos que a los que podría interesarle el chiste. ¡Qué bueno! me pude desconcentrar. Error. Había vuelto a pensar.

El cielo, su belleza, su grandeza, sus agujeros tapados, que nos hacen chiquitos ¡Qué bueno sentirnos vulnerables! Nos hace sentir libres el no estar solos, el ser solo uno más del montón, porqué en el montón vos tenés posibilidades por el caos. Mierda apareció un avión haciendo la diferencia. Cagó la foto celestial de la nada y el montón de partículas: esa gente esta arriba, con un destino pasajes, sin tierra en sus pies que los moleste en este momento, solo nubes pintadas por otros. Yo acá sentado, puteando. Miró fijo al avión. Cerró los ojos, y como nunca en mi vida deseó que el avión explote. Ese fuego era lo único que lo podía (ponele) hacer importante, pedazo de metal de porquería. Apretó fuerte toda su cara, desafió a todos los dioses que se le cruzaron por la cabeza, se rió, abrió los ojos y vió que el avión explotó.

Que lo haya visto, no significa que haya explotado, fue una ilusión. Sabía muy bien que todos los pasajeros seguían sanos y salvos en sus butacas, con sus destinos y fantochadas de medio pelo. Pero el quería ver otra cosa ¿Por qué negárselo? No quería volver adentro, la tierra entre sus zapatos era una excusa para no regresar, y el cielo su pantalla de distracción. Todo seguiría allí. Tenía que volver adentro y tipear: “A quién corresponda: chupela por remil hijo de puta” y mandarlo, aunque se.

Cuanta tierra que habían acumulado esos tickets, nunca comprados, pero sobre esa mesita de luz. Ese viaje nunca hecho, pero siempre soñado, esa butaca seguiría vacía, aunque su vida dependa de ello. “Llegaré, llegaré” se gritaba estupefacto mientras cubría sus pies con más tierra. Hasta que lo tragó. Y nunca más lo escupió. Cada segundo lo tragaba más y más, esperaba llegar a la china, pero nunca eso paso.

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