Es menester que sea rock…

El Pantera

El pantera entiende de violencia, la conoce desde todos los lugares posibles en lo que la muy puta se engendra.  Ella le sacó todo… al mismo tiempo que se lo dio. La conoce, la quiere y la odia, sus manos gigantes rasguñan muchas historias. Los golpea para que los golpe no duelan, hace de ellos unas caricias familiares. Me entristece. Me dice que sus viejos eran violentos, que él siendo el tercer hermano fue el único que se animó a marcar los límites. Temo olvidarme los detalles. Sus antepasados eran de “ese lugar dónde empezó la mafia” orgullosamente y su hijo se murió, con sólo diez y nueve años y sesenta mil pesos en un bolso mal logrado. La policía lo seguía y no pudo escapar de ella. Él dice “todo le decían que era el panterita” y qué a los catorce había gatillado y matado a alguien. Era simplemente algo que pasó y que lo que importa es el amor. No quedan lugares para cambiarlo, eso pasó y se pone mal. Se acuerda de qué a los catorce años suyos murió el general, ese por el que sigue luchando frente a esas “botas” que no deja de mencionar.  Pero él ahora es seguridad, saca a quienes robaban cómo él, con un dolor en el pecho, los ve familiares, le dice a la yuta que no los golpée, se me ríe y dice que “todos son sus primos” y que si yo agito una, ahora que me conoce, también soy su familia.

El Pantera es querible porque es sincero. Porqué ya el dolor lo traspasó. Él está orgulloso de algo y es de su hija que estudia. Es psicología y se emociona que eso pase con alguien de La Tablada. Me pregunta si sé hasta que año estudió, me informa que es hasta cuarto grado y que sabe la ubicación de un río que no me acuerdo. Porque él siempre anduvo en todos lados, gracias a su velocidad y tamaño siempre se hizo respetar en las zonas más picantes: en la vía pública o dentro de una penitenciaría; en la que dice qué estuvo y en la que su primer accionar fue golpear a quienes se abusaban de los pibitos. Los encaró prepoteramente y fueron al molde. Él creé en la violencia bien usada, fuera de intereses de los poderosos. Creé que hay que plantarse frente a ellos que son fácil de identificar. O lo eran. Antes en la cancha, cuándo él era uno de los capos de la barra, el rival era el otro equipo y no ahora qué los que quiénes manejan la frula son la policía, esos que no son amigos de nadie y es una mierda. Lo es, ya no se justifican las palizas ni los viajes colgados en el tren. Me enoja mucho esto y no se merece una imagen. Quizás la vea o ruja.

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