Es menester que sea rock…

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Rumba! Cap. 4: Cosquilleos en la panza.

IV

Excelina corre escapando de la muerte. Lo hace a toda prisa. Ve a su bicicleta tirada al costado de la ruta que se encuentra salpicada por la sandia y decide montarla. Habían sido teletransportados desde el cuarto de hotel al lugar del accidente. La muerte se movía a paso lento y decido detrás de la chica y con un click del mouse saca unas rueditas de su zapatillas y comienza a perseguir a la chica sobre los montes que suben y bajan y son muy verdes brillantes, ideales para recorrer en una tarde templada de primavera. Era abril, que bello mes.

-No puedes escapar… ¡Tengo un jefe muy exigente! Bramó la muerte, quién era muy buena con los rollers. La muchacha se asustó más y aceleró la pedaleada.

Sus ruedas se comenzaron a derretir, la goma se iba expandiendo y cambiando de forma aleatoriamente. Comenzó a elevarse la bicicleta junto a los gritos de la chica que estaba horrorizada. La goma había tomado unas dimensiones horribles, casi llegaba a los siete metros de altura, brotaron, de ella, unos ojos oscuros y una sonrisa con miles de dientes. Cesaron los gritos cuando cayó al césped y el engendro multiformico habló:

-Terminad vuestro trabajo. Os ordeno.

-Está terminado, lo que sucede es que usted también está muerto… Dijo La Muerte, mientras se acercaba al gigantesco monstruo y cubría a Excelina para que se escondiera detrás.

-Pero… yo no puedo morir. Aseguró la mancha.

-¿Seguro? ¿Por qué es que no puedes ver tu imagen reflejada sobre aquél lago? Retrucó la parca y toda la bola amorfa giró al unísono.

-¡Un capacitador al aceite, diez y seis micros! O algo así, gritó la muerte, la verdad es que no se escuchó muy bien ya que un rayo hizo mucho ruido al caer, los volvía a telestransportar luego de resonar un “click” que hizo despertar la ira por parte de la materia oscura ya que aumentó su enojo que nació al ver su propia génesis sobre el agua del lago. Excelina se había vuelto a desmayar, sólo recordaba esa sonrisa tenebrosa y extrañaba a su bicicleta y, más aún, el cosquilleo en la panza.

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