Es menester que sea rock…

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Ella abotona

Ella abotona, prolijamente, los botones de la nueva camisa de seda. Demostrando así su destreza para verse radiante diariamente.

Él afila, con movimientos toscos, la punta de una botella  de toro viejo. Ocultando así su necesidad de verse radiante diariamente.

Marginales, pero exitosos, los chinos controlan esas maquinas gigantezcas que escupen diminutos botones, y esperaban que lleguen a esas dulces manos, de la nena contenta que estira su camisa. Y sale sonriente a la calle.

Con salarios mínimos, y respondiendo a las condiciones de una industria poco feliz (es una verdad compartida que la tristeza que provoca trabajar en una fabrica embotelladora donde no se sopla la botella, “hacer botellas era lo de antes” siguen resongando los antiguos de la profesión). Todos los día cuando ven esas cintas cargar centenares de botellas procesadas por el gigante de metal, claro que esperan que se les cargue de vino hasta el tope y pasen a un siguiente galpón donde le pondrán un corcho. En el transcurso, miran las botellas, y la visión compartida es que ese vino será para festejos, claro que siempre hay un señor Rodriguez que piensa que ese vino no será para celebrar un encuentro, como piensan casi todos, sino que pondrá furioso a un padre laburador, que llega cansado a su casa, aumentan los servicios, cada vez hay menos variados menúes a la hora de la comida, me tenes como tu sirvienta, me cansaste, plánchate solito tu ropa, puta de mierda, toro viejo, y la quema.

Él está jodido. Mamá hace mucho que no está. “Hace mucho tiempo”, se acuerda todas las noches, aunque no quiera, su estomago se lo hace recordar de cuando estaba lleno. Que se caguen. Me lo sacaron todo. Ellos fueron, ellos pasan y me ningunean, se hacen los ocupados hablando por teléfono por miedo a que les pida un cigarrillo (llevan uno con la otra mano) ¿Alguna vez te tomaste una botella de toro viejo, con el estomago vació de dos días, a las 9 de la mañana? “¿Porqué no lo gastas en comida?”, se atrevió a decirme una vieja, con esos aires de solemnidad que tienen las viejas como las nenitas, que hablan sin asco porque no se les puede pegar, pero bueno la vieja me agitó que porque no lo gastaba en comida, claro señora, el vino sale 5 pesos, lo mismo que un plato de comida, correcto señora, pero el plato de comida no marea, no me hace olvidar, hay muchas cosas que olvidar señora, usted tiene suerte porque tiene Alzheimer. Y se tomá. Se vaciá la botella. El estomago esta lleno nuevamente. De venenos, pero significativos al fin.

Bienvenida furia. Me entrego a ti, madre de toda mi existencia, destruyamos juntos, empecemos por la botella. Crashhh. El primer paso cuesta. Antes me aguantaba más botellas, cuando uno cumple cuarenta años el hígado se pone muy traidor ¿A dónde puta voy? Me cuesta muchísimo caminar ¿Por qué no quedarme tirado un rato en la esquina? Ah… cierto, la policía. Yo no voto ¿Sabían? ¿Qué onda la gente que pone esas piedritas que cortan en los frentes de la casa? Primero rayó mis nudillos, luego la punta del filo de la botella partida. Ahora era alguien. Y quería gritar, festejar mi nuevo yo, esos botones me llamaron, pensaba que era más temprano, pero por suerte ya estaba oscureciendo, había dormido hasta tarde, nuevamente, pero eso me aventajó cuando la cruce a ella, que venía apurada por el parque, seguramente con miedo.


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