Es menester que sea rock…

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Muñecas despintadas

La corrupción les sienta bien. Temen que si algo se mueve para algún lado que los saque a luz se vea algo que no debería, ni por asomo, verse. Van a ser vistos, o virtualmente así parece. Policías bajo la lupa de la ciudadanía, anunció la ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré. Es increíble que la humanidad halla llegado a esto. Una institución que se creo para “dar felicidad a la comunidad” será interpelada por la misma. No será para ver si dan mucha o poca felicidad. Sabemos que no cuentan con ese poder, sabemos que disparan a sus iguales (o a los distintos para hacerles entender su lugar), sabemos que cuentan con un resentimiento que se traduce en gatillos fáciles, golpizas terapéuticas y coimas incoherentes. El señor Rittondo, player del PRO, asegura que sólo un 10% de los integrantes de las fuerzas policiales es corrupto.  Lo que dice, este amigo de la derecha, es; no miren. Son buenos. Detrás de el no cuestionen, sólo quieren ocultar, aprovechemos a gritar, no importa que sean buenos o malos, son policias que deben estar a nuestros servicios, estoy cansado de que te caguen siempre. Esa chapa de mierda ¿Hacen falta más? ¿Y si todos somos policias y custodiamos las cosas de tres personas? Es un mundo maravilloso, damos vueltas por la ciudad, giramos y giramos en torno de grandes cajas con cosas desconocidas en su interior. Quizás alguna vez se desplome un lateral de cartón y podamos hacer una balsa corrugada para poder cruzar a la isla y ver, desde allí, cómo la caja brilla. Quizás en el camino nos topemos con otro que es cómo nosotros pero no le gusta el cartón, no. Al señor le gusta el fuego. Intentará prender la caja porque él ya es consiente de qué nunca la tendrá, ni vera lo que haya adentro. Nosotros desde afuera, vemos que esto pasa y reaccionamos, cómo debemos reaccionar, lógicamente: llamamos a más gente para que venga a proteger las cajas con nosotros desde la isla. Claro, le tiraremos agua. Las cajas se van derritiendo y uniendo una con la otra formando una sola pirámide.

Se formó, se abrió, estaba vacía.

Todos los ahogados en la isla lo vieron al igual que los que ardían cerca de la caja abierta, no había nada. Sólo un 10% de ellos se enojaron.  Los demás se sentaron, cómo siempre, a ver cómo se portaban mal: arrancándoles los pelos a las muñecas y pintando garabatos en su caras con indeleble y muy mala fe.

MUÑECA DESPINTADA

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Las hormigas, Haití y mi pija

 

“Traca- traca- traca” gritaba la rueda auxiliar mientras golpeaba el piso del colectivo, anunciando que me encontraba en un medio de transporte tercer mundista. Qué cool. Calor, nauseabundo aroma a cuerpos quemados por el sol, pudridos por un accidente: la tierra que se movió y no les avisó, huesos débiles y fáciles de romper: la tierra que siempre se mueve para el mismo lado, y avisa, de forma siniestra: al son de “We are the World” (grabado nuevamente por todas las estrellitas de la industria cultural norteamericana). Yo me sentía parte del mundo tarareando esa canción a mi manera. No conocía muy bien la letra, pero no me importaba, no mientras haga algo útil por esa gente. Recuerdo a Hades, cuándo invadió Atenas, furioso porque no le habían pagado la factura del gas, y todo el pueblo le disparaba, en vano, flechas ardiendo. Hasta que aprendieron como vencerlo: lo ignoraron, siguiendo en la suya, hasta que Hades se emboló y se tomó el palo, yo veía a unas hormigas que andaban por el piso del colectivo ¿Adónde irían? ¿Por qué se subieron a mi coche? Fui testigo de mi tamaño en esa tierra de mierda, un pelo mió en el orto de una hormiga, podía darle tortuoso placer eterno, es todo una cuestión de enfoque, pero eso ustedes ya lo saben. Acá estábamos nosotros los blancos, gigantes, tratando de sentir compasión por los hermanos de Haití. Siguiendo con nuestra tradición de imponerles lo que es políticamente correcto, respondiendo a la ecuación: negro + terremoto = bajón. E ignorando las otras formulas como Choripan + Vino + Choripan / gente que no probó en su vida un cerdo + Vino + Soda / ¿Agua potable? = indigestión. Pero bueno, siempre nos gustaron las matemáticas ¡Cuántos rascacielos nos mandamos con ellas! Así que, llegamos a la ciudad para reconstruir escuelas que fueron dañadas por la catástrofe, en realidad después nos enteramos que muchas de esas escuelas nunca habían existido. No estábamos ahí para acomodar nada, nuestros planes eran otros: yo lo sabía.

Lo leí en mi Black Berry, lo escuché en mi Satán full (cuatro puertas), lo decidí en mi Loft; vender gente desamparada; estaba bien. Era sacarlos de un infierno y recolocarlos en otro, pero con plasmas, valía la pena mi trabajo, que era de mediador entre un infierno número 9 (geográficamente castigado) y uno número 4 (culturalmente vació), valían veinte mil dólares cada chiquito huérfano ¿Saben que me dio mucha impresión del trabajo? Que me digieran: Mira que tengan todos los dientes. Me hizo acordar a años muy feos, yo no los consideraba esclavos, mi trabajo era, como dije antes, el de una persona la cual le da una segunda oportunidad a otras y recibe una gratificación por eso. Lógica pura, bebé.

El colectivo llegó a destino. Hinche: un inodoro donde por miles de años les gustó cagar a gigantescos occidentales blancos y bonitos, como yo y como Colón. El colon cargado de superioridad (alimenticia y lo que ustedes sepan, o no). Ese huevo, tómenlo, verán dos cosas: primero la metáfora de la tierra redonda (¿Cómo si a alguien le importara?) que gracias a que la golpee el Sol se vuelve opaca y brilla todo su contenido. Bárbaro, ahora volvamos al huevo. Chupenme uno. En su interior hay un pollito que se esta formando, en un espeso liquido que es una mezcla de semen con champú de limón, y lo único que vemos es ese ojo, posta, miren el video de un pollito cuando esta creciendo y hablará de la crudeza de todo esto, en la oscuridad del caparazón su ojo es todo lo que posee, y puede seguir evolucionando, para ser un pollo con fritas, un actor de televisión, un desayuno con colesterol, o llegar al codiciado, pero rutinario, trabajo de un gallo cantor.  O puede hablar francés, ser negro, y estar en un rincón de Sudamérica, teniendo cuatro años, sus dos padres muertos (ella por una enfermedad de esas boludas que se tienen y no se solucionan[1]) y soñar con ser poeta sin saberlo. Pero su destino es otro, el señor Smith no es una persona superficial realmente le importa lo que Kumbú (o como se llame) lleva dentro.


[1] Ahora que lo pienso, si de repente los psiquiatras dicen: para superar la angustias de las mujeres de clase media que se preocupan por el futuro universitario de sus chicos, y por las noches duermen inseguras de su felicidad, su fidelidad, su celulitis, sus tantas cosas del garrón en la cultura y les dicen: el mundo gasta 40 trillones de dólares al año en atidepresivos, si donáramos esa plata para enfermedades posta (no de la capucha y todo eso incomprobable)  viviría mucha gente y sería un gran paso para poder hacerle frente a la culpa que genera tanto el afuera, inmenso y siniestro. Digo, puede hacer algo, quizás se consiga que se suiciden mas mujeres blancas y los negros ahora fuerte tomen a sus maridos y los hagan felices mientras toman daiquiris, quizás ese sea su miedo.

 

 

Rumba! Cap. 3: Tradición.

III

Acariciaba sus pelos, no los sentía, pero pasaba sus manos cubiertas con un guante negro, intentando, en vano, encontrar una caricia que lo haga sentir algo humano, quizás pudiera entender porque se esforzaban tanto en querer seguir viviendo cada vez que él interrumpía con su presencia la triste decadencia mortal.

No era su primera vez. Se sinceró y acordó de ella. El lenguaje no se había inventado todavía. Sonríe. Quizás si estaba inventado. Tenía que llevar otro cuerpo para el jefazo.

Los humanos no habían ni “inventado” las iglesias. Sus últimos segundos de vida iban a ser junto a ese arroyo, antes de ser comida de un deinosuchus, un cocodrilo que medía cerca de quince metros. Su accionar fue implacable. Clavó su punta de lanza, adornada con unas plumas de una terrible vorona y salvó la vida de la monomujer. A quién se le había acercado, luego, con intenciones sexuales y nada salió bien. Esta mujer tampoco lo había tomado seriamente: intentó comerlo. Tenían más dientes los humanos-no-religiosos y usaban su apéndice. Músculo que se debilitó con el avance del cerebro, que entre otras cosas, aprendió cómo sacar apéndices para salvar vidas.

Entre todas esas luchas que tenía en su mente, el canto de esa mujer de la prehistoria seguía acosando a la muerte. En esa época no se le daba importancia a los humanos, al jefe le daba lo mismo que deje de matar un mono-cantor y en su lugar lleve un cocodrilazo, que es lo que era el deinosuchus. Llegaba a buscarla, puntual cómo siempre, su lema es “Treinta y siete millones de años de puntualidad”, era un pantano con hojas enormes, mucho verde, la mamá mona pescaba con una precaria caña de bambú. La parca apareció frente a ella y sabía que lo que había picado no era una presa de fiar. Vio los ojos de felicidad de la peluda con huesos y se conmovió. Prometió que no lo volvería a hacer y allí estaba con esos pelos en sus manos. Excelina despertó, estaba enojada. Sus ojos decían: “te quiero comer”.

 

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