Es menester que sea rock…

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-II-

Vengo del Mar. Me afanaron todo en la terminal ni bien llegue. El colectivo venía cargado de pendejas emocionadas de sus primeras vacaciones en Gesell, y cantaron canciones de Casi Angeles todo el viaje, ni Black Sabbath en el mp3 podía silenciarlas. Pude dormir recién 20 minutos antes de llegar a la costa. Cuando me desperté estaba perdido. Bajé buscando muchas puertas para abrir. Caí del colectivo, cuando voy a retirar el bolso, no estaba. Y fue en ese momento en el que recordé las sabias palabras de mi madre: “Guarda la plata en el bolso, por si suben algunos a robarles, vi en TN que cada vez roban más en el conurbano”. Así estaba: sin un peso y sin ropa. Tanteo los bolsillos del vaquero, y nada. La campera: nada. Estaba sin puchos. ¡Los chicos! Primer opción que pensé. Yo llegaba y tenía que llamarlos para que me digan donde esta el depto que alquilaron. Agarro el celular voy a llamar a un amigo y escucho unas palabras que me hacen estremecer:

-“Su línea no posee saldo suficiente para realizar esta llamada, llame al *500 para renovar su saldo”. Tuuu Tuuuu.

Lo que no te dice la guacha es que para renovar tu saldo necesitas de plata. Y para tener plata necesitas un bolso. Bolso que tampoco apareció cuando el chofer me dijo que me joda por perder el bolso, por quedarme dormido y no bajar con todos, y bajarme en las Toninas. El más boludo.

Pero no desanimé y pense en un plan B. SOS. Pude tener el crédito SOS, solo contaba con 3 pesos que debía usar sabiamente. Así que llamé a mi amigo nuevamente.

-Guaaaachoooooooo! Dijo mi amigo. ¿Te falta mucho?… Cual es la dir- (intenté preguntar pero me interrumpió justo) ¡Vení para la playa! Escucha que copado. Sonaba una banda parecida a callejeros, gritaba y gritaba pero no había caso, me la hacía escuchar. Corte después de cansarme de gritar en vano. Me quedaba una llamada y la mejor opcion que se me ocurrió fue llamarla a ella. Mi ex habia venido a vacacionar con su familia al mar también y me pidió que la llame para tomar unos mates alguna tarde. La llamé, tenía una excusa para verla, aparte me engañe a mi mismo pensando que llamar a otro de mis amigos iba a ser lo mismo, ya que podían estar todos en el recital, si, si es verdad, podría haber esperado pero esa fue mi opción, aparte escuchar su voz no estaba mal. Cuando escuché su voz de nuevo, todo se me derrumbo. ¿Cómo podía con tan pocas palabras tirar abajo todos los proyectos y sueños de un hombre? ¿Cómo puede ser tan despechada? Engañarme con que me puede ayudar. Decirme que no me va a dejar solo cuando la necesite. ¿A qué distancia me encontraba? ¿Cuánto tiempo había pasado? Me quedé blanco cuando escuche el tuuuu tuuuu que retumbó en mis oidos luego de escuchar su dulce y neutral voz que decía:

-“Su línea no posee saldo suficiente para realizar esta llamada, llame al *500 para renovar su saldo”

Allí estaba parado en la terminal de Las Toninas, sin crédito, sin puchos, sin guita, sin ropa, sin ganas de pescar para sobrevivir, sin haber escuchado la banda que mi amigo me obligo a escuchar. Menos mal que no tenía crédito, encontré la valija se la había llevado por error una rubia tetona. Y muy gauchita.

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-I-

No le cabían todas las ovejas en la parte trasera de su camioneta. La lluvia de ese frío agosto hizo apurar a El Enano a hacer lugar. Juntó las herramientas de hilar y las guardo en la parte delantera del coche. Se le resbaló una llave inglesa de sus mojadas manos y golpeó sobre el piso, cuando se agachó para juntarla vio sobre su hombro solo barro, con huellas de ovejas pero ninguna oveja. Habían desaparecido todas.
Siempre se la pasaba en el bar presumiendo con los muchachos del pueblo: ¡A ver quién tiene la historia más emocionante! Pensar que esa fría tarde de agosto le había pasado. Lo que le paso a El Enano era algo que superaba a la legua a la falsa historia (nadie la creía, pero la contaba tanto que terminó convirtiéndose en un mito) de El Cangrejo Capriccioni. Pero así de guacho es el destino, él no vivió para contarla y el Cangrejo sigue en el mismo lugar del bar y su historia es tan bonita que debe ser contada con lujos de detalles, como a él le gusta. Permítame. El Cangrejo Capriccioni no era el Cangrejo antes de su viaje a las Toninas en el 84. No era nadie. ¡Bah!, en realidad era Luis Capriccioni, un cuidador de caballos sin caballos. Típica historia del sur de Santa Fe. Donde un gringo llega a la Argentina para hacer guita y termina deslomándose bajo el sol. En el caso de Luis era cuidando a unos caballos, lo único que encontró fué a una familia adinerada que le tiraba unos pesos para que cuide de que no le roben unos caballos árabes a los que trataban como si fueran de la familia. Nunca dejaban que él los galopeé. Decía por lo bajo todos los días:
-Frisones de mierda…
Una tarde, no aguantó más y se fue a la mierda con todos los caballos para el mar. “Oligarcas de mierda”, -grita siempre cuando cuenta esta parte para los muchachos del bar. ¡Dice que llego hasta las toninas! Con los caballos, y que entró a capital por la 9 de julio y siguió por la costa. Cuenta que andaba borracho saludando a la gente que paseaba por florida. Qué todos se reían cuando él desafiaba a los taxis con el frisbon para hacerles carreras. El frisbon porque que cambio a los otros cuatros por mucho whisky antes de entrar a Buenos Aires.
“Para cuando llegue al mar… ¡Tenía tal pedo! Me bajé y miré a los ojos al frison, ya no tenía ganas de que sea una mortadela, no sé si era la brisa del mar, el pedo, o que… pero les juro muchachos: Era un amigo más.
– En esta parte, siempre frena y con un gesto solemne se toca la frente. Y sigue:
Estaba muy linda la noche, y estaba lejos de la ciudad… Estaba roto de tanto galope y para colmo no veía muy bien por la mama, así que até Marcos (el caballo árabe) en una piedra, y me dormí arriba de la piedra. Me dormí como una piedra. Y de repente: ¡Plaf! Siento que me pellizcan la cara. Abro los ojos y lo que tengo adelante es una cara horrible, era un extraterrestre, se los juro, ¡me cagué en las patas! Llevo mis manos a la cara manoteó y veo que es un cangrejo. El muy puto me pellizco con sus tenazas. Me levanto y había como un millón de cangrejos, no se de donde salieron los muy guachos, ni donde me fui a dormir, pero nos habían invadido. No se si se lo comieron al caballo, pero su soga estaba rota, capaz que se escapó… no se. Pero me desperté solo y con resaca en medio de una playa alejada de las toninas”.
Por decisión unánime, Luis Capriccioni, paso a llamarse Cangrejo Capriccioni.

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