Es menester que sea rock…

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Rumba! Cap. 6: En donde juguetea la muerte

VI

Las gotas provenientes de las estalactitas golpeaban el techo de aluminio con el que contaba la torre, era un cuarto con amplios ventanales, con vista a la nada,  en el donde se encontraba Excelina.

-¿Qué pasó? Le dijo a la muerte que se encontraba sentada en un sillón blanco de dos cuerpos frente a ella qué estaba tendida a sus pies.

-Logré salvarte, acá estás segura. Levantó los brazos apuntando a las plateadas paredes, que daban con un piso cromático, todo brillaba de acuerdo a los haces de luz que golpeaban los cristales de las columnillas de hielo de la profundidad de la montaña. Esos sillones blanco marcaban que allí el tiempo no pasaba. Ellos estaban seguros de que el tiempo seguía siendo el mismo. Intentaban pensar en que dormían y sus cerebros descansaban. Pero en el fondo sabían que no era cierto. Rogaban que el tic-tac sonase y eso no pasaba. Maldita torre ubicada en lo más lejano de la vida humana, con una capa de casi nueve mil metros de altura que nos alejaba de Maseleka.

-No puede saberlo, Maseleka, mi jefe, de que te tengo oculta. Será el final de todos si eso sucede.

-¿Dónde estamos? ¿Por qué brilla todo?

-Estamos seguros, el aluminio, junto a las magnificas propiedades que brinda este gran monte impiden que nos encuentre. Dijo, sin mutar su sonrisa recta.

-¿Y qué se supone que haga? Preguntó la señorita mientras se paraba del sillón.

-¿Qué tal bailar? Propuso La Muerte y se le pintaron dos manchas rojas en sus mejillas doradas. Excelina accedió y cayó a los pies de su pareja al ver que era tan buen bailarín de rumba. Fue una noche increíble, se lo contaría a sus amigas, algo de la torre de aluminio le resultaba atractivo, no sabía muy bien que era, pero estaba seguro de eso, esa fue la excusa que elaboró “¡Epa! Está linda la casa del flaco”. Pensó y no estaba equivocada, era una torre muy bonita.

Ocho horas que se hicieron veinte, y seguía estirando el tiempo, había descubierto porque los humanos se vestían con ropas tan raras. El sexo era divertido. Ella por su parte también estaba contenta, la motivación de su pareja se reflejaba en su cara amarillenta que tenía un semicírculo eternamente perfecto. Una escuadra, pensó y se distrajo. Era muy raro…

“¿Qué no lo era?” Se preguntó para sus adentros. En donde jugueteaba la muerte.

 

IDEAL PARA GARCHAR CON LA MUERTE

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