Es menester que sea rock…

Entradas etiquetadas como ‘Una fracción de segundo’

Rumba! Cap. 5: El secreto del Everest.

V

-Ahora decilo cómo el pato Donald. Le murmuró al oído.

-¿Cómo? Preguntó con terror.

-Cómo el Pato Donald. Esta vez le apretó más fuerte los huevos y sacó el seguro del arma que con la que le aplastaba la sien contra los azulejos del baño.

-“No lo volvereg a hacerg”. Fue la peor imitación del Pato Donald producida en la historia de la humanidad, el portador del arma dijo:

-Es la peor imitación del Pato Donald que escuché en mi vida. Soltó sus huevos y disparó. Allí estaba la muerte, puntual del lado de Disney, por esta noche, volvió al ruedo, ya pasaron siete meses de la vez que esquivo a su jefe engañándolo con su reflejo en el lago. Fue astuto con su jugada, le negó todo. Le mostró un falso formulario que decía “sandia” con sellos de la Comisión Interna de Vivos y Sí-muertos, que venía con un enlace de solicitud que vinculaba a la CIVS como la que había solicitado la fruta. Un listado de falsas acusaciones que aburrían a Maseleka, así era llamado the boss. Batió fruta,era demasiado pesado tratar con un burócrata de millones de años de profesión así que dejó a un lado, en apariencia, a la situación. Se volvió en el tiempo y todo fluyó normalmente de nuevo.

Click: bala atravezando el cerebro. Doble click: Bala destruye el centro nervioso del hipotálamo (Nombre: Diando Riuring 0254478896652 – 558956262616161515161136 **5566556 : OÑ[2] se ve en su pantalla).

Otro día de trabajo: veinte mil muertes. Ocho mil por problemas cardiovasculares volvían monótono el trabajo. Aunque a veces había situaciones extravagantes, cómo la vez en que un chino se murió en un carrito de golf que anduvo sólo por toda una playa por más de 10 kilómetros hasta que se cayó por un acantilado y fue comido por tiburones. Pero la mayoría de las veces eran aburridas. Volvía a su casa, una torre de aluminio con cincuenta y dos pies de altura oculta dentro del monte Everest, si dentro. Antes de llegar, congelaba el tiempo una fracción de segundo que se hacían ocho horas de descanso, más no porque lo torturaba estar tanto tiempo sin darle equilibrio al planeta tierra. O se había acostumbrado. Abrió la plateada puerta, tranquilizó al dúo de perros con tres cabezas que cuidaban el pórtico; “buenos chicos” les dijo.

Excelina se despertó con los aullidos de los perros y sintió un cosquilleo en la panza.

SON MUUUCHOS LOS BUENOS CHICOS, AUNQUE USTED NO LO CREA

Nube de etiquetas